Una vida sin arte no tiene ningún sentido. Y entiendo como arte todo aquello que sirve para que te puedas expresar de algún modo, todo aquello que convierta tu vida en aquello que quieres o en la expresión de tu vocación más profunda, así que arte y creatividad puede ser prácticamente todo.
He notado un cambio alucinante en Violette en las últimas dos semanas, ha pasado de ser una niña a ser una niña mucho más mayor: en comprensión, en habla, en independencia… Pasa largos ratos jugando sola, sola no, con su imaginación, con su casa de muñecas que hemos construido con cajas de cartón las dos (pronto las fotos), con Oliver, su inseparable Oliver, con Lloba y Phoebe, consigo misma. Y ahora me doy cuenta de lo contenta que me siento de haber respetado sus procesos y momentos y haber hecho lo que me dictaba mi intuición, a pesar de que externamente y a veces incluso con mi pareja no opináramos lo mismo. La intuición de una madre es lo más poderoso que hay. Por poner un ejemplo y recordando que Violette ha sido una niña que se ha despertado MUCHO por las noches hasta los dos años. Mi pareja me decía: deja que la lleve yo a dormir aunque llore. Yo no podía soportar ese lloro, ese en concreto, porqué sentía que me necesitaba. Mi pareja se enfadaba, por el simple hecho que me veía agotada y creía que esa era la forma de ayudarme. Un día le dije: a veces queremos ayudar a las personas en lo que nosotros creemos pero no en lo que ellos necesitan. Pero eso sería otra conversación, La cuestión es que poco a poco, Violette fue durmiendo mejor, y un día le pidió a su padre que la llevase a la cama y le leyese un cuento. Ahora, excepto alguna noche puntual, es su padre el que la duerme. Y yo me siento en el sofá y tejo claro, jajaja.
Con esto lo que quiero decir es que me doy cuenta que la independencia llega cuando todas las etapas anteriores han sido «conquistadas» con seguridad. Es mi opinión personal, basándome en mi hija, por supuesto, y en mi experiencia.
Violette ha reclamado muchos brazos y lo sigue haciendo, pero de repente cada vez se aleja más metros de mi, poco a poco pero con seguridad. Lo mismo ahora que se queda de canguro con una vecina jovencita. Ahora entiende lo que le digo, no siente abandono, sabe que me voy a trabajar y vuelvo y me dice a veces si me entretengo: Mami, ¿no te ibas? Esa tranquilidad y ese sentir en cada paso que «es el momento» no lo hubiese tenido si la hubiese tenido que dejar a los 4 meses en una guardería, el desgarro interior que hubiese sentido …buuuf no puedo ni pensarlo. Y no hablo de conciliaciones familiares, ni bajas maternales ni nada de esto que, por supuesto en nuestro país, están fatal, pero también me doy cuenta que está fatal el gremio padres en sí. En un mundo que no ha evolucionado de los 12 años de edad mental, son pocas las familias que disfrutan de estar con sus hijos y todo lo que esto implica: lo bueno, lo malo, lo emocional, lo de pareja, lo económico…son muchas cosas. Un hijo es un espejo, un hijo es «ir a Santiago y volver», un hijo es remover tu pasado, tu infancia, tu madre, tu niño interior…Un hijo es la seguridad y la incertidumbre, el amor más grande y el cansancio más profundo. Un hijo es aquello que hace que conduzcas con cuidado para llegar a casa, que cocines cuando lo odias, que alargues la paciencia hasta límites insospechados, que aprendas a decir » te quiero» aunque a ti no te lo hayan dicho nunca, que revises tu pasado y crees un nuevo futuro.
No es darle a un columpio mirando al móvil, añorar tomar un gin-tonic o buscar formar de huir de ellos,
Un hijo es ENFRENTARSE A LA INTIMIDAD. Da mucho miedo. La intimidad con uno mismo y con esa persona que te mira a los ojos y te atraviesa. La conexión de un hijo con una madre puede dar aterrar, pues no existe intimidad más profunda. Pero no es huir la solución. Es madurar, mirar y afrontar, no alargar una inmadurez personal y general que luego conduce a lo que conduce. Si realmente todos los padres quisiéramos estar con nuestros hijos, aparte de que nos movilizaríamos para conseguirlo, encontraríamos la manera de hacerlo, aunque sea dificilísimo. Pero oigo muchas madres excusándose (otras no tienen más remedio por supuesto) en lo de fuera: el gobierno, el trabajo…Y para mi es lo mismo que poner nuestra salud en manos de los médicos: doctor, deme algo… Una forma de no responsabilizarnos de nosotros mismos.
La independencia es buena, en todos los ámbitos de la vida, pero hay que forjarla poco a poco.
El arte es bueno, en todos los ámbitos de la vida, y forja la independencia y la seguridad en uno mismo: equivocarse, salirse de la línia, enfrentarse a los propios errores, sabiendo que hay un límite más allá del cual o justo antes, una mano amorosa va a recogerte, abrazarte y darte el impulso para que vuelvas a volar.
Por eso en nuestra casa hay siempre pinceles, pinturas, plastilinas, castañas, hojas, arenero, cartones, perros y gatos…Y abrazos, mimos, besos, risas y muchas ganas de estar juntos para poder estar separados.
El post Arte e independencia ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape











