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The 52 project: un retrato de mi hija, una vez a la semana, cada semana, a lo largo de 2015. «Recogiendo hojas para hacer luego un cuadro de otoño».El post 43/52 ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape

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El otro día tuve una discusión con una persona (sí sí, discusión), sobre el tema del compartir. Alegaba que mi hija «tenía un problema» (con estas palabras) con el compartir porqué no quiere dejar su bici ni el columpio del pueblo. Mientras me decía esto, el resto de niños estaban pintando en el suelo con las tizas de mi hija, que ella había abierto y dejado a los demás, ella ni siquiera estaba pintando. A lo del columpio le dije: ¿cuando hay gente esperando yo no la hago bajar para que suba otro? Respuesta: Sí, pero entonces llora. ¿Hola? Tiene dos años y tendrá que llorar su frustración ¿no?. Lo  hago yo con treinta-y-cinco… En fin…No me gusta adjudicar problemas y disfunciones a los niños desde la visión de un adulto porqué se las terminan creyendo. El niño al que se le dice que es muy nervioso, lo termina siendo etc. Critican a mi hija porqué dicen que es muy sensible (alucino). Les molesta que no deje su bici (ni yo según qué cosas). ¿Realmente los adultos hacemos lo que les exigimos a los niños? Si yo voy a esta madre y le pido que me comparta su bolso «en ese preciso momento», va a compartirlo conmigo? Hay una especie de falsedad en los parques con el compartir, parece que hay que decirlo y hacerlo sí o sí, pero no veo a la gente muy convencida de eso, incluso veo a algunos que obligan a sus hijos a dejar sus cosas cuando acaban de cogerlas, o acaban de subirse al tobogán, va un niño detrás y antes de que se tire ¡le obligan a bajar!. Suelen ser los mismos que si su hijo acaba de coger su patinete y otro niño lo quiere, le obligan a dejarlo y cuando, obviamente, a su hijo no le apetece, le dicen al otro niño: «pues tú no le dejes nada». ¡Viva la madurez! Si mi madre hiciese esto realmente sentiría que está poniendo a los demás por delante mío, me sentiría totalmente abusada.En definitiva, mi hija es una niña que suele compartir todo porqué esa sensiblidad tan perjudicial de la que hablan. es una empatía increíble hacía los demás. Pero eso no significa, como antes se creía, debilidad. He intentado enseñarle que la sensibilidad no es ser débil, al contrario, no significa que los demás puedan pisarte. Por eso, el día que le regalamos su bici y que la cogió como el tesoro más grande y no la quiere compartir con nadie, se lo respetamos porqué está en su total derecho de tener sus objetos personales, como todo ser humano, pequeño o grande. Lo mismo que ella acepta que los demás tengan los suyos, aunque a veces signifique que llore, está bien llorar por la frustración de lo que no se puede tener.Y esto necesitaba escribirlo aquí porqué a la persona en cuestión no se lo pude decir porqué se chocó tanto cuando le dije que mi hija no tenía un problema que empezó a gritarme como una….¿niña? mientras nuestras hijas jugaban civilizadamente (¿veis lo que yo veo?).  Al final terminó diciéndome aquello tan socorrido de: » No, si a mi no me importa que tu hija no comparta y además a mi hija no le afecta, yo no he dicho que tu hija tenga un problema».Si mi hija no tiene ningún problema, a ti no te importa y a tu hija tampoco ¿de qué estamos hablando entonces?En fin….respirar mucho es lo que hay que hacer….Sólo quería COMPARTIRLO con vosotros… gafas: ModclothJersey y camiseta: H&MFalda: SuiteblancoZapatos: Vintage El post Compartir ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape

41/52

The 52 Project: un retrato de mi hija, una vez a la semana, cada semana, a lo largo de 2015. «Violette y Oliver, una pareja indivisible»El post 41/52 ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape

Arte e independencia

Una vida sin arte no tiene ningún sentido. Y entiendo como arte todo aquello que sirve para que te puedas expresar de algún modo, todo aquello que convierta tu vida en aquello que quieres o en la expresión de tu vocación más profunda, así que arte y creatividad puede ser prácticamente todo. He notado un cambio alucinante en Violette en las últimas dos semanas, ha pasado de ser una niña a ser una niña mucho más mayor: en comprensión, en habla, en independencia… Pasa largos ratos jugando sola, sola no, con su imaginación, con su casa de muñecas que hemos construido con cajas de cartón las dos (pronto las fotos), con Oliver, su inseparable Oliver, con Lloba y Phoebe, consigo misma. Y ahora me doy cuenta de lo contenta que me siento de haber respetado sus procesos y momentos y haber hecho lo que me dictaba mi intuición, a pesar de que externamente y a veces incluso con mi pareja no opináramos lo mismo. La intuición de una madre es lo más poderoso que hay. Por poner un ejemplo y recordando que Violette ha sido una niña que se ha despertado MUCHO por las noches hasta los dos años. Mi pareja me decía: deja que la lleve yo a dormir aunque llore. Yo no podía soportar ese lloro, ese en concreto, porqué sentía que me necesitaba. Mi pareja se enfadaba, por el simple hecho que me veía agotada y creía que esa era la forma de ayudarme. Un día le dije: a veces queremos ayudar a las personas en lo que nosotros creemos pero no en lo que ellos necesitan. Pero eso sería otra conversación, La cuestión es que poco a poco, Violette fue durmiendo mejor, y un día le pidió a su padre que la llevase a la cama y le leyese un cuento. Ahora, excepto alguna noche puntual, es su padre el que la duerme. Y yo me siento en el sofá y tejo claro, jajaja. Con esto lo que quiero decir es que me doy cuenta que la independencia llega cuando todas las etapas anteriores han sido «conquistadas» con seguridad. Es mi opinión personal, basándome en mi hija, por supuesto, y en mi experiencia.  Violette ha reclamado muchos brazos y lo sigue haciendo, pero de repente cada vez se aleja más metros de mi, poco a poco pero con seguridad. Lo mismo ahora que se queda de canguro con una vecina jovencita. Ahora entiende lo que le digo, no siente abandono, sabe que me voy a trabajar y vuelvo y me dice a veces si me entretengo: Mami, ¿no te ibas? Esa tranquilidad y ese sentir en cada paso que «es el momento» no lo hubiese tenido si la hubiese tenido que dejar a los 4 meses en una guardería, el desgarro interior que hubiese sentido …buuuf no puedo ni pensarlo. Y no hablo de conciliaciones familiares, ni bajas maternales ni nada de esto que, por supuesto en nuestro país, están fatal, pero también me doy cuenta que está fatal el gremio padres en sí. En un mundo que no ha evolucionado de los 12 años de edad mental, son pocas las familias que disfrutan de estar con sus hijos y todo lo que esto implica: lo bueno, lo malo, lo emocional, lo de pareja, lo económico…son muchas cosas. Un hijo es un espejo, un hijo es «ir a Santiago y volver», un hijo es remover tu pasado, tu infancia, tu madre, tu niño interior…Un hijo es la seguridad y la incertidumbre, el amor más grande y el cansancio más profundo. Un hijo es aquello que hace que conduzcas con cuidado para llegar a casa, que cocines cuando lo odias, que alargues la paciencia hasta límites insospechados, que aprendas a decir » te quiero» aunque a ti no te lo hayan dicho nunca, que revises tu pasado y crees un nuevo futuro. No es darle a un columpio mirando al móvil, añorar tomar un gin-tonic o buscar formar de huir de ellos, Un hijo es ENFRENTARSE A LA INTIMIDAD. Da mucho miedo. La intimidad con uno mismo y con esa persona que te mira a los ojos y te atraviesa. La conexión de un hijo con una madre puede dar aterrar, pues no existe intimidad más profunda. Pero no es huir la solución. Es madurar, mirar y afrontar, no alargar una inmadurez personal y general que luego conduce a lo que conduce. Si realmente todos los padres quisiéramos estar con nuestros hijos, aparte de que nos movilizaríamos para conseguirlo, encontraríamos la manera de hacerlo, aunque sea dificilísimo. Pero oigo muchas madres excusándose (otras no tienen más remedio por supuesto) en lo de fuera: el gobierno, el trabajo…Y para mi es lo mismo que poner nuestra salud en manos de los médicos: doctor, deme algo… Una forma de no responsabilizarnos de nosotros mismos. La independencia es buena, en todos los ámbitos de la vida, pero hay que forjarla poco a poco. El arte es bueno, en todos los ámbitos de la vida, y forja la independencia y la seguridad en uno mismo: equivocarse, salirse de la línia, enfrentarse a los propios errores, sabiendo que hay un límite más allá del cual o justo antes, una mano amorosa va a recogerte, abrazarte y darte el impulso para que vuelvas a volar. Por eso en nuestra casa hay siempre pinceles, pinturas, plastilinas, castañas, hojas, arenero, cartones, perros y gatos…Y abrazos, mimos, besos, risas y muchas ganas de estar juntos para poder estar separados. El post Arte e independencia ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape

39/52

The 52 Project: un retrato de mi hija, una vez a la semana, cada semana, a lo largo de 2015. «Su propia vendimia» El post 39/52 ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape

38/52

The 52 Project: un retrato de mi hija, una vez a la semana, cada semana, a lo largo de 215. «Una arañita en su telaraña» El post 38/52 ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape

37/52

The 52 project: un retrato de mi hija, una vez a la semana, cada semana, a lo largo de 2015. «Cabalgando el horizonte» El post 37/52 ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape

36/52

The 52 Project: un retrato de mi hija, una vez a la semana, cada semana, a lo largo de 2015. «Uñas largas» El post 36/52 ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape

Las playas vascas

Hace ni más ni menos que diez años que vivo en Pamplona (¡ni más ni menos!) y aunque adoro sus paisajes y entorno natural, siempre admito que me costará comprender a sus gentes y clima, que son más o menos igual. Con los años estoy comprendiendo que la climatología es uno de los factores que influye definitivamente en el carácter de una sociedad, para muestra un botón: decimos que los vascos son bastos y duros, pero es que claro…¡ni en verano pueden ir tranquilos a la playa!. Aquí dos mediterráneos que deciden ir a la playa un sábado que en Pamplona te ahogan 38 grados de temperatura que al día siguiente serán 15, pero eso daría para otro post. Los mediterráneos cogemos nuestro capazo, nuestras chanclas y todos los utensilios para Violette, dispuestos a pasar una perfecta tarde de sábado en el mar, llegando a la playa a partir de las cinco, para que no te pille todo el calor abrasador. Conforme vamos llegando a nuestro destino, el termómetro empieza a descender, hasta 20 grados. Aparcamos y al salir del coche, no sabemos si ir a buscar un café con leche o seguir con nuestro cometido. Llegamos a la playa: cinco socorristas. ¿Cincooooo? Los vascos son exagerados en todo, y nos reímos. ¿Dónde está la gente? La gente está apelotonada en 2 metros cuadrados de playa porqué la mar está agitada y la marea tan alta que se está comiendo toda la playa por minutos. Encontramos un hueco y Violette, que llega de la Costa Brava, quiere bañarse. Imposible, las olas te tiran de tal forma que imagino que mañana tendré morados en las piernas. Los socorristas no dan abasto, ahora entiendo porqué son cinco. En los veinte minutos que llevamos en la playa, han sacado a varias personas del agua por jugar en zona peligrosa, han bajado las banderas una vez porqué la marea ha empezado a bajar, han movido las banderas que delimitan la zona dónde puedes bañarte dos veces, ahora nos podemos bañar todos en una zona de unos veinte metros de largo.  ¡Pobres socorristas! Todo el rato con el silbato: ¡que se salga del agua!, a ver quién va a decirles a esas dos parejas que acaban de llegar que no pueden bañarse en bolas (los demás riéndose mientras el pobre al que le ha tocado va a advertirles), y a mover las banderas otra vez, que pesan lo suyo. Un espectáculo increíble, nos lo estamos pasando bomba, por eso de los contrastes sobretodo. Ver que a 600 quilómetros de lo que para ti es normal, las cosas son totalmente distintas. Empieza a llover. Para, Vuelve a llover. Para. Jordi va a bañarse y me cuenta que las personas se tiran contra las olas, o en el sentido de las olas para que las lleve, con lo cual, lo peligroso no es que te venga una ola enorme, sino que te venga una persona enorme encima. La verdad es que no podemos parar de reírnos. Y entiendes todas esas diferencias de carácter y que algunos nos vean como unos blandos, pero claro, nosotros vamos a pasar la tarde en una balsa de agua y ellos pasarán la tarde luchando contra los elementos. ¡Viva la diversidad! Bikini y vestido: Asos El post Las playas vascas ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape