MissRedCape80

Hoy me despiertan unas manos acariciándome la cara, y luego:- Guaaapaaa, mami guaaapaaa… La miro emocionada, se quita el chupete y me dice: ¡Guapa! Con todo su énfasis, como yo le digo a ella.
Y sigue: – Mami guapa, te quiero mami – sin dejar de acariciarme la cara- ¿tú estás contenta mami? 
– Claro que sí – le respondo.
Y me sorprende siempre lo cariñosa que es con todo el mundo, lo dulce que trata a sus muñecos y cómo les abraza y les dice que les quiere y les pregunta si están bien.
Me sorprende también que a pesar de las primeras rabietas fuertes (que Dios nos pille confesados, en mi caso, que me pille descansada y habiendo dormido por favor), siempre termine comprendiendo y aceptando los límites. Y Jordi me dice: – No sé por qué te sorprendes, siempre le has explicado todo, desde bebé. 
Y puede ser que realmente funcione. A veces una a si misma se ve una madre desastrosa y le parece que todas las demás se han recuperado mejor, duermen a pierna suelta, sus hijos nunca se manchan, están más tranquilas, serenas y tienen satisfechos a sus hijos, maridos y las casas bien limpias. 
Están unos amigos de visita en casa, pensaba que me habían venido a visitar a mi, pero no, vienen a visitar a Violette y me dicen: es que es dulce, nunca grita, siempre pregunta, está tranquila y serena y es muy cariñosa.
Y entonces pienso que quizá no lo hemos hecho tan mal y que a pesar de lo desgarrador de la crianza, la lactancia, el día a día…no hay nada que pueda devolverte una satisfacción como ésta.
Ni todo el oro del mundo podría compararse con unas manos de buena mañana acariciándote y diciéndote guapa…porqué a ver…¿después de dos años de no dormir una noche entera y después de la noche que me has dado precisamente hoy, llamarme guapa? Eso sí es amor incondicional.
¡Felicidades Violette!
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