Después de dos años he aprendido que no hay una maternidad mejor que otra. Cada persona es un mundo y si las madres dejáramos de juzgarnos las unas a las otras nos daríamos cuenta de que pocas madres quieren mal a sus hijos y de que pocas contamos con la claridad necesaria, el apoyo o los recursos para criar como queremos o habíamos imaginado. Para mi, la buena maternidad es la que respeta al hijo en sus necesidades y a la madre, que muchas veces nos olvidamos de esta segunda o por acordarnos de la segunda nos olvidamos del bebé. En estos dos puntos es dónde veo yo el desequilibrio. Madres tan entregadas que se han borrado a si mismas y madres que corren tanto por recuperar su anterior vida que borran al bebé. Es difícil en cualquier caso encontrar un equilibrio. Yo he sido de las primeras hasta límites un poco exagerados, recuerdo en palabras textuales de un médico que me dijo: «vale más una mala madre que que no haya madre, y tu empiezas a no estar con el grado de fatiga extrema que tienes.» Lo entendí, pero seguí haciendo lo mismo año y medio más porqué no podía hacer otra cosa, porqué estaba presa de las hormonas, porqué tener un bebé que duerme mal sólo lo puede comprender el que lo ha vivido, vivir en una sensación de resaca continua, en una especie de ruta del bacalao eterna…No puedes pensar con claridad, con lo cual, para no equivocarme yo pensaba: mientras no lo vea claro, seguiré haciendo lo mismo por el bien de mi hija, que al fin y al cabo es lo más importante.
¿Por qué digo esto? Porqué finalmente estoy empezando a poder expresar muchas cosas que he sentido, porqué estoy empezando a dormir bien, porqué Violette ha crecido y de repente no sólo te invade una sensación de felicidad o de pena porqué ya no es pequeña, es un poco más allá, es una sensación de triunfo: He sobrevivido a esto. Estoy viva. Mi hija está bien, mi matrimonio sigue en pie y yo estoy machacada físicamente pero estoy viva, alegre, feliz…He podido con esto. He sobrevivido a una guerra emocional, hormonal, espiritual y física.
Y esta dulce sensación es la que he tenido todo el verano, en el que hemos podido disfrutar de cada momento, de los amigos, de una peque que ya puede adaptarse a otras actividades, perdón, de una madre que no sufre si su hija se salta los horarios y demás…ehem, de una pequeña que se expresa y te dice lo que necesita y quiere y de poder empezar a permitirme a mi misma (mi hija siempre me lo ha permitido) pequeños momentos para mi, espacios y rincones para recuperar parcelas vitales, Volver a respirar con tranquilidad.
Comprendo que muchas madres dirán que estoy loca que se puede hacer todo, y supongo que sí, pero cada uno es como es, cada sensibilidad es diferente y todos vivimos las cosas como mejor podemos.
Lo peor es cuando te empieza a entrar un gusanito que dice: ¿y si vamos a por el segundo?…. Ahora mismo yo misma le doy zapatazo, ¡con lo animalista que yo soy!.
Gafas: Modcloth
Croptop: H&M
Falda: Blanco
Tacones: Diksi
El post Verano Dulce ha aparecido por primera vez en Miss Red Cape


















